jueves, 27 de agosto de 2009

Cuando aumenta la cantidad de dinero en circulación en una economía, pueden suceder muchas cosas. Como ya sabemos, la tasa de interés es el precio del dinero, de manera que si hay mucho dinero disponible es de esperarse que la tasa de interés baje, es decir, que el precio del dinero disminuya.

La tasa de interés es aquello que le pagan a los hogares por dejar su dinero en el banco y, a su vez, lo que deben pagar a los bancos quienes piden dinero prestado. Esto significa que el aumento de la cantidad de dinero, y la consecuente reducción de la tasa de interés, tienen un efecto en el comportamiento de los hogares y las empresas.

Con menores tasas de interés va a haber más empresas dispuestas a pedir préstamos y es probable que este dinero se destine a compras de nueva maquinaria para la industria, nuevas instalaciones o innovaciones en la producción; todas estas nuevas inversiones significarán un aumento en la producción nacional. Entre tanto, una baja de las tasas de interés hace que sea menos atractivo para los hogares depositar el dinero en los bancos; ante esa reducción en el costo de oportunidad del dinero, es probable que los hogares decidan gastar más en bienes y servicios.

La reducción de la tasa de interés produce en ambos casos un aumento en la demanda agregada de la economía: por el lado de las empresas hay una mayor demanda de maquinaria y materias primas; por el lado de los hogares hay una mayor demanda de bienes y servicios. Pero, ¿puede la economía atender esa nueva demanda?

Depende de cuántos recursos estén ociosos: si la economía está haciendo un empleo pleno de sus recursos, la nueva demanda generará un aumento en precios; pero si en la economía hay desempleo y maquinarias ociosas, la nueva demanda generará un aumento en la producción. Por eso el banco central debe conocer muy bien las condiciones de la economía antes de tomar decisiones sobre la cantidad de dinero.

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